La tarde transcurrió entre la sonoridad de Marta y las gracietas de Aldán y de Carlos Díez, el nuevo fichaje de comercial. Raúl intentó abstraerse de Marta y hacer un esfuerzo para mostrarse sociable entablando una estúpida conversación son Silvia, la rubita bajita de desarrollo que estaba a su lado, pero esa tía era imposible, una seta. Al final, casi como si hubieran llegado a un acuerdo tácito, los dos se ignoraron y se concentraron en sus respectivos vasos y en las conversaciones del resto.
El reloj pasó de las nueve, la gente comenzó a marcharse. Marta empezó a despedirse gesticulante.
–Bueno guapísimos me marcho – comentó mientras se levantaba en un movimiento fluido colocándose el pelo del flequillo con un gesto casual de la mano derecha mientras se colgaba el bolso con la izquierda.
– Raúl, tengo que ir a tu barrio, si quieres te llevo- Joder que si quería, mataría por ir con ella.
– No te molestes, puedo coger el bus aquí al lado- ¿Qué demonios estoy diciendo? Soy un estúpido.
- No, sino es molestia, además, así podemos charlar y se nos ameniza el camino- Con esos labios reina, podrías amenizar lo que te propusieras.
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