"Sé lo que estas pensando, te preguntas si he disparado seis o sólo cinco veces, pero teniendo en cuenta que este es un Magnun del .45, el mejor revólver del mundo, capaz de atravesarte de un disparo, ¿no deberías sentirte afortunado, vago?" (Harry el sucio)

jueves, 4 de septiembre de 2008

Parte II: La esposa

Lucía levantó la mirada hacía el reloj de pared, era tarde, muy tarde y Mario todavía no había llegado. El zumbido del televisor parecía un eco lejano, lo apagó, no le interesaba la crema de baba de caracol. Tenía un ligero dolor de cabeza y se levantó a la cocina a por una aspirina y un café, le esperaría despierta.
Desde hacía más de un año, coincidiendo con su cambio de trabajo, Mario llegaba de madrugada una o dos veces al mes. Lucía había sospechado que tenía una aventura y le había sometido a un marcaje férreo, esperando encontrar alguna prueba que confirmara sus sospechas.
- No seas ridícula, las videoconferencias con San Diego comienzan casi de noche y sabes que se prolongan varias horas.- sus ojos eran francos.
Lucía había buscado marcas, restos de carmín, había olfateado sus ropas, incluso le había hecho meter los huevos en el bidé lleno para ver si flotaban en el agua. Nada, casi estaba convencida de que Mario le contaba la verdad.
Mientras el aroma del café calentándose llegaba a sus fosas nasales despertando sus sentidos escuchó la puerta y fue presurosa a recibirle. La cara de Mario, el gesto cansado, los hombros caídos, la mirada un tanto dispersa y la sombra de la barba no parecían salidas de ningún tipo de juerga u orgía. ¿Cómo podía haber sospechado de él? Lucía le abrazó sin mucha fuerza, besó calidamente su frente y le preguntó si quería algo con la voz un tanto enronquecida.
- Dormir cariño, sólo dormir.

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